Post-it [#66]: Sólo respirar

Quédate conmigo… vamos  simplemente a respirar.
Mis pecados son expertos, nunca  me dejarán ganar, en el fondo, soy sólo un ser humano,
No quiero hacer daño, hay tantas cosas en este mundo que me hacen sangrar.
Quédate conmigo, tú eres todo lo que veo.

¿Dije que te necesito? ¿Dije que te quiero?…

El imprescindible Eddie Vedder en Just Breathe.

Sandra Oh dice que Kevin McKidd es un gran tipo. Cuenta que para conseguir su rol en “Rabitt Hole” le pidió que manejara  un viernes a las 5.00 am hasta Santa Mónica para que leyera con ella en la audición. Y lo hizo.  “Necesitaba más que un “lector”, quería alguien con el que pudiera trabajar”, explica. Menciona también que recibió consejos de Tony Phelan, el director teatral de Shonda Land, que conoce muy bien la obra en la que se basa el film.

¿A propósito de qué viene la anécdota? A propósito de que el 8.03 va sobre complicidades, temores, química y confianza, en el trabajo, la vida y todo lo demás; en alusión a la  formidable (des)conexión que protagoniza Owen y Cristina en pantalla cada jueves y a lo gratificante que es tomar una taza de café, sentarse a ver Grey´s Anatomy haciendo lo que mejor sabe, y decir “…eso es lo que me gusta de ti.” (más…)

Post-it [#65]: El derrumbe

Tomé mi amor y lo bajé.
Subí una montaña y me di la vuelta
Y vi mi reflejo en las colinas cubiertas de nieve
hasta que el derrumbe me derribó.
Oh, espejo en el cielo
¿Qué es el amor?
¿Puede el niño dentro de mi corazón elevarse por encima?
¿Se puede navegar a través de las mareas cambiantes?
¿Puedo manejar las etapas de mi vida?

En Landslide 

 “Houston, we have a problem”. Me sobra “Free Falling”. No puedo dejar de verlo como un capítulo relleno entre esa estupenda premiere disfrazada de finale – Unaccompanied Minor– y su continuación natural: She´s Gone.  No puedo evitar pensar que se demora 41 minutos en decirnos cosas que ya sabíamos: Yang no quiere ser madre, Alex no quiso perjudicar a Meredith, Derek está resentido con ella, April no tiene liderazgo (…) Me molesta que reitere las ideas hasta el cansancio, que subestime al televidente o lo que es peor, no confíe en sus intérpretes, en su propio medio de expresión: la imagen.

La reflexión de “Free Falling” es tan literal a lo que vemos en pantalla que nos olvidamos que está ahí. Incluso si la idea del 8.01 era enfatizar, bastaba con dos buenas escenas de Yang para saber quién era, quién es ahora y quién quiere ser en el futuro. Y las tuvimos:

 ¿Para qué más? ¿Por qué sobrexplicar todo? ¿Por qué un paciente-reflejo de Hunt tan anunciado? ¿Cuántas escenas repetidas de Teddy traspasando el límite de médico a esposa tendremos que tragar? Y no me vengan con que ABC family, el target y la cuestión. Que es una serie para adolescentes, no para ciegos, sordos, mudos. Sinceramente, prefiero una entrega errática pero apasionada, que una bien vestida, pero sin cuerpo.

Pero pasemos a  She´s Gone antes que empiece a subir el tono. O mejor detengámonos un poco antes: en el momento en que Mer zamarrea a Owen a punta  de carácter, honestidad y una conexión con el espíritu de Cristina asombrosa. Es la única secuencia en que el desganado 8.01 agarra categoría de premiere, es decir, incluye una declaración de intenciones de cara a la temporada que se avecina. El resto parecen escenas descartadas de los episodios circundantes o de la S7.

She´s Gone no es la octava maravilla tampoco, pero la enmarca un monólogo vivo y la audacia de derrumbar a nuestra experta en crisis: Meredith. La idea de Debora Cahn de descentrar y oscurecer a la protagonista mientras lleva a su twister  sister a aprender lo básico es atractiva  (y a estas alturas, necesaria). Pero exceptuando, el momento de la despedida con Zola, a Ellen Pompeo  le faltó mucho actoralmente, no tiene el peso escénico necesario para calibrar la serie hacia la emoción. Y en ese sentido, debo destacar el trabajo de Justin Chambers, capaz de mantener el imán herido de su Karev contra el viento y la marea  que azota a ShondaLand, y muy especialmente, el enorme desempeño de Kevin McKidd y Sandra Oh que nos regalan intimidad cuando esperábamos resignados otro molde sin bordes.

No es casual que las escenas que dejan un mejor sabor de boca sean de pocas palabras, música y emoción -el llanto de Cristina, el plano final, el aborto, la carpeta del ensayo pasando a manos de Bailey, la operación grupal- pues en ellas la serie vuelve a  las  características narrativas que la hicieron famosa.

Además, el 8.02 consolida a Yang como el personaje mejor escrito y es un correcto episodio sobre la amistad entendida como respaldo… pero no es suficiente. Palidece al recordar que es el 785 que hay en GA bajo esos parámetros. De hecho, es un tópico recurrente en las reflexiones de Mer, y repito ¡¡¡El inicio de temporada no puede ser un mero reciclaje!!! Si bien las dos entregas se dejan ver y sacan algunas sonrisas, carecen de chispa, nervio, actitud, novedad.

Es la convicción  de los guionistas en caída libre. Se ha ido.

Post-it [#64]: Yo quería ser mayor

-¿Saben qué pasará cuando crezcan? No, porque nadie lo sabe.

En la imperdible cinta Never Let Me Go

Hay dos costumbres de los realizadores de Grey´s Anatomy que me irritan: establecer paralelos entre la trama de la serie y Private Practice (embarazos, muertes, bodas…) y justificar su renovación poniendo como ejemplo a ER. Lo primero es falta de imaginación, lo segundo, una patudez.

Anatomía de Grey parte con el  despertar de Meredith en una casa grande y polvorienta al lado de un chico sin ropa y con sonrisa de príncipe azul. No sabe su nombre, pero más tarde sabrá que trabaja para él. Los televidentes seguimos a la chica en su auto y la  acompañamos en su ingreso a un hospital que la tendrá bajo las órdenes de la nazi e investigando al lado de otra chica de apellido Yang. En la recepción ambos jefes le hablan a ella y a sus compañeros de reglas, aguante y sobrevivencia. Será el comienzo de una dura noche. Será el primer día dentro de  un lugar que los pondrá eternamente a prueba. Implicará su inserción en un mundo amenazante.

ER comienza a la inversa, la amenaza está allá afuera y su protagonista, la sala de urgencias, aparece como el sitio seguro en que un equipo médico -preestablecido, aunque en constante rotación- intentará cubrir la emergencia, detener la hemorragia, reiniciar la normalidad del sistema. Estabilizar al paciente que viene herido desde el exterior.

Anatomía de Grey fue protagonizada por cinco internos en un programa de cirugía pero, durante la misma cantidad de temporadas, el bisturí fue sólo una excusa para obligarnos a verlos crecer. Fueron años donde las habilidades médicas servían de metáfora al aprendizaje de cualquiera, las reglas y crueldades del (des)amor, la amistad y la suerte corrían por los pasillos del SGH hasta dejarnos con los ojos humedecidos, la sonrisa inamovible o la aterradora sensación de que la vida  puede llegar a ser aquello que pasa mientras estás tirada en el baño intentando levantarte. O esa cinta que ya nadie ve porque transcurre en slow motion.

Pero, junto con los personajes, crecieron las ambiciones del equipo realizador. Grey´s pasó de serie de mid-season a fenómeno, de naturalidad a peinados de peluquería, de actores queribles  a estrellas, estrellitas y estrellados. Y Shonda Rhimes vivió la peor pesadilla que un creador televisivo puede tener: los nombres de sus actores se hicieron más grandes que sus personajes; y la única forma que encontró para contrarrestrarlo fue unírsele: poner su ego sobre la mesa y  ver cuál era mayor.

Algunos dirán que ganó el de Katie Heigl pero yo no estoy segura, diría más bien que el vencedor fue el de la ABC. La doctora modelo nada más ejerció su  legítimo derecho a hacer malas películas y tuvo una temporada en torno a ella para despedirse, pero la cadena la retuvo ordenando que le reiniciaran el corazón. Y  recién ahí los realizadores se dieron cuenta que escribir pensando en sus actores (y no en sus roles) sería un arma de doble filo que le daría dividendos tanto como les cortaría las manos. Recién ahí se miraron las caras y preguntaron:

“¿Lo dijiste? Te amo… no quiero vivir sin ti… cambiaste mi vida… ¿Lo dijiste? Haz un plan, fíjate una meta…  trabaja por ella. Pero ahora y cada vez más, mira a tu alrededor, vive a fondo… porque eso es todo… y podría desaparecer mañana”.

Y los televidentes que acompañamos las lágrimas de Alex Karev  estuvimos demasiado involucrados para ver que detrás de ese texto de Debora Cahn había un solapado mea culpa, una declaración consciente de que hubo tiempo en pantalla desperdiciado e irrecuperable.

Good Mourning -Goodbye era un nombre elocuente para advertir que en el 6.01 no asistimos sólo a la despedida de George sino también al funeral de la meta fijada por Shonda Rhimes y Cía. Al entierro del final de serie que la guionista tenía en su cabeza cuando la creó. (más…)

Post-it [#63]:The L Word (Looking)

Sé que la oscuridad se cierne sobre ti
pero es cuestión de perspectiva
cuando estás fuera y miras hacia adentro
Perteneces a alguien

Y cuando sientes que no puedes más
o que el final está cerca
como si tu corazón fuese a partirse en dos
Alguien te quiere.

Apoyé la maleta en mi pecho
para poder sentir el peso de alguien
Te recosté para que descansaras
sólo para sentir que es eso de dar y recibir

Tengo una nueva interpretación
y es un punto de vista mejor
Mientras tú buscabas a los demás
yo estaba buscándote a ti.

Brandi Carlile en Looking Out“

Un nuevo hogar que no es, una emergencia que no llega, una cuna que no existe, un accidente que no se ve, un caos que no hace ruido, una banda sonora que no se oye,  un jefe que nadie quiere escuchar, una niña huérfana, un matrimonio que no es tal, un macho que ocupa el estereotipo femenino, un papá que desaparece. Una mujer que aprendió a cortar.

Matrimonios sin hijos, otra niña sola, una cabeza que duele como un avión estrellado.

Una amistad que ya no es, una disculpa que no llega, una cuna prestada, muertos que no se ven, palabras que no dicen lo que  ellos quieren escuchar. Silencio.

Un nuevo hogar que ya fue,  un dolor que se quedó, esperanzas que no son. Otra hija sin madre. Una finale que en realidad es premiere. (más…)

Post-it [#62]: The L Word (Learn)

Sigo hablando contigo cuando sueño. No digo mucho, el dolor es muy profundo .Te di la luna y las estrellas para seguir pero tú me las devolviste. 

La montaña que estoy escalando se está poniendo fuerte y empinada, pero sigo buscando una promesa que aún no puedo cumplir. 

Yo todavía me acuesto en  mi lado de la cama. Bailo solo cuando la última botella se ha acabado. Recuerdos corren por mi cabeza como un río . Tendré un océano antes de que me muera. 

Todavía te susurro palabras dulces y, cuando estoy ocupada, o no tengo nada que hacer, ruego a Dios que mis palabras suenen verdaderas y que tus palabras puedan llegar a mí también .

Mi corazón está partido, así que por favor entiende. He tratado de saltar, pero no tengo donde aterrizar. Así que dame  tu corazón y  yo te daré mi mano y trataré tan duro como pueda.

Brandi Carlile en A Promise to Keep.

Dos grandes del staff de Anatomía, dos ganadores de Golden McDreamy Awards: Tom Verica (director de Shock to the System) y Zoanne Clack (guionista de Slow Night so Long) firman la primera hora de una season finale a la antigua. Y con antigua, quiero decir con la palabra de las primeras temporadas de Grey´s inscrita en la frente: learn (aprender). Quiero decir, con la competencia en la sangre, con el moretón en el cuerpo, con la victoria en las manos y la derrota en el bar.

I Will Survive es “El cuarto Coraje de Zoanne” en SGH, pero sobre todo es el capítulo que reúne sus obsesiones, su sentido de la comedia, su precisión en los casos médicos, el espíritu de antaño en las reflexiones de Mer, más su fantástico concepto de cómo debe armarse un episodio coral: guiando a sus personajes hacia un mismo objetivo.

“Sobreviviré” (al igual que Stand by Me) va sobre quedarse/luchar y saber reconocer(se) ante una derrota. Las amistades que en el 5.18 conforman una red de apoyo, hoy se convierten en armas de doble filo. Las orquídeas y su capacidad de adaptación  son reemplazadas por una semilla que brota en la cavidad abdominal pero el objetivo es el mismo: plantear la manera en que sobrevivimos en ambientes hostiles. Las herramientas que utilizamos para ello.

Y el tema no deja de ser curioso dentro de una entrega que llega a recuperar la esencia de la serie cuando creíamos haberla perdido desde aquel desastroso 7.12. Zoanne y el bueno de Tom tienen los cojones para trazar una línea separatoria entre los primeros once episodios y las opciones comerciales disfrazadas de declaraciones de principios (aka storyline de Calzona en la S7) y así definir el lugar al que una serie de aprendizaje realmente pertenece: el crecimiento emocional-profesional de sus caracterizaciones y su inserción en un mundo amenazante.

Para así concluir que hay cosas que cambian, mientras otras quedan marcadas para siempre. Para así concluir que sé es adulto hasta que el dolor obliga a escudarse en el niño que cada uno de nosotros lleva dentro. Para así retomar la alucinante anatomía de Yang de la primera mitad de temporada y concluir que es el personaje mejor escrito e interpretado de ShondaLand. (más…)

Post-it [#61]: The L Word (Love, Lie, Life, Lost…)

-Lo único que llega a todas nuestras realidades es el amor. Es el puente entre todas nuestras diferencias. Y tú tienes tanto amor en tu vida, ¿por qué te empeñas en derribar ese puente?

– No lo sé.

En el piloto de la serie L Word.

En el 2004, antes que los alters de Showtime se pusieran de moda, la guionista Ilene Chaiken logró que la cadena le diera luz verde a su show protagonizado por un grupo de amigas lesbianas radicadas en un exclusivo barrio de L.A. Brillantemente lo llamó L Word (La palabra L), consiguió un elenco comprometido y un guión con corazón.

Las seis temporadas pasaron y la serie tuvo aciertos, personajes queribles-odiables y errores como cualquier otra, pero yo recién la ví este año. Fuera del supuesto hito que marcó o de cuán rompedora o realista fue a la hora de reflejar el mundo lésbico. La ví  más o menos de corrido y la encontré después de revisar el piloto de “The Chicago Code”, y el IMDb de Jennifer Beals.O sea, ridículamente tarde.

Sin embargo, ello me permitió visionarla -sin contaminantes atmosféricos- como la estupenda serie sobre amistad-amor-mentiras que es, en sus tres primeras temporadas. Y como la delirante-valiente-kamikaze puesta en abismo de si misma que es, durante su recta final.

Y aquí ustedes pueden decir, ¿qué me importa a mí? ¿por qué mierda estamos hablando de esto?… y yo les pediré un poquito de paciencia y les recordaré a quienes recién llegan, que Post-it es una columna, no una review de cada cap, y haré algo que casi nunca hago- porque asumo que si mi nombre está arriba, ustedes saben que lo que ofrezco aquí es mi punto de vista- usaré la frase “en mi opinión”.

Estoy escribiendo sobre L Word en un post sobre Grey´s Anatomy porque “in my opinion” la serie de Chaiken tiene el protagónico femenino mejor escrito e interpretado de todo Showtime: Bette Porter, un ser tan querible, odioso, brillante, egocéntrico, recto, pedante, valiente, limitado, honesto, sensible como lo seriamos cualquiera de nosotros si lleváramos una cámara sobre nuestros hombros. Estoy escribiendo sobre L Word  porque en ella, Jessica Capshaw fue Nadia, una aventurilla académica de Bette.

Pero sobre todo, estoy escribiendo sobre L Word en un post sobre Grey´s Anatomy porque “in my opinion” una serie de televisión no tiene que ser realista ni menos educativa. Pero sí tiene la obligación de ser responsable con el universo que elige mostrar. Y ser responsable en TV no es disminuir las escenas de sexo o huir de la maldad sino avanzar. O al menos, no retroceder el camino ganado por tus pares.

Es decir, estoy escribiendo sobre L Word porque “White Wedding” tiene varios aciertos y errores pero un sólo pecado: sostener un discurso irresponsable y, a ratos, derechamente cobarde.

Ay, acomodaos que esto va para largo. Antes que puedan malinterpretarme voy a ser clara: no me molesta en absoluto que Callie tenga capítulos en torno a ella (es más: lo pedí y lo celebro) ni tampoco detesto el tiempo destinado a conocer más a “Arizona con A de Awesome”, como titulé algún post. De hecho, me hubiese gustado que le hubiesen dado más espacio a sus padres en el 7.20.

Tampoco creo que Shonda Rhimes deba dar explicaciones por querer casar a sus chicas, como tampoco las dio  por unir al MerDer y al Izzex. Estoy de acuerdo con cada una de sus palabras: “El amor es universal, la vida también”, repetiría feliz con ella, todas las veces que quiera.

Elevator Love Letter y  el de la unión post-it son de mis capítulos favoritos de la historia de GA. Alucino con la “anatomía de Yang” del principio de temporada y adoro a Karev. Es decir, soy de esa especie en extinción que disfruta de la serie en general. Capaz de tragarse ciertas incongruencias cuando lo que prevalece es el sentimiento o la magia… pero todo tiene un límite.

Pero como detesto la falta de altura de miras en el producto que sea, pienso que Shonda casi debería disculparse por casarlas así, como comercial de vino, sin hacerse cargo de ninguno de los conflictos políticos-sociales-familiares que muestra.

Es que duele escribirlo, pero Stacy McKee y Chandra Wilson  simularon un capítulo sobre la universalidad del amor, pero en el fondo – tal vez, sin darse cuenta- construyeron un capítulo que avala la segregación.

Mostrar  ¡EN PARALELO! cómo una pareja que quiere casarse tradicionalmente debe hacerlo simbólicamente, versus una pareja qué lo hace legalmente sólo por trámites de adopción, me parece un insulto para  la batalla por la igualdad que ha librado mucha gente, incluida la actriz en cuestión: Sara Ramírez.

Y sí, no se molesten en tirarme piedras por aguafiestas o tonta grave, si sé que lo que se pretende es equiparar la boda Calzona al compromiso inquebrantable del post-it MerDer, y con ello, decir que las leyes son sólo una formalidad. Pero eso también -a mí, que puedo casarme con quién se me ocurra con sólo pedir hora al registro civil aunque a mi  futuro marido heterosexual lo haya conocido  en una borrachera la noche anterior, me parece una burla para la batalla por los derechos que ha defendido mucha gente homosexual que quiere formalizar años de amor verdadero.

Justamente porque algunos pueden hacerlo, mientras otros no, hay ser responsable con los mensajes que se transmiten, incluso en una serie financiada por Disney. Sobre todo en una serie con ese target.

Esto no es una declaración audaz. Esta es una historia de amor. Se trata de romance. Dulce, épico, el romance de cuento de hadas. Puro y simple”, dice Stacy Mckee defendiéndose a este tipo de acusaciones de antemano en el blog.

Y yo la aplaudiría de pie si  no fuera porque la storyline de Calzona en la S7 la contradice. O sea, desde el sorbete convertido en bebé  se ensució esa historia “pura, simple” y  es innegable que el hecho que una madre reniege y salga corriendo de la boda de su hija  (y no quiera ni tocar a su nieto) anula cualquier “cuento de hadas” posible.

¿De qué está hablando? Cómo diría Teddy: Stacy, “¡revienta la burbuja!”. Entiendo que hay géneros y géneros en la TV y que la ABC no es Showtime pero en este caso, no se trata de líneas editoriales ni de más o menos provocación, sino de sentido común.

Jamás le hubiese pedido a Shondaland que fuese respetuoso con los derechos cíviles de los gay o que se cuidaran de no avalar la figura del macho proveedor en medio una pareja compuesta de dos mujeres, si no se hubieran metido en esos temas. Si no hubieran obligado a sus personajes “mágicos” a hablar de hijos, donantes sobrevalorados o bodas. Tópicos que -quieran asumirlo los escritores o no- son siempre político-sociales. 

Para  validar un “romance de cuentos de hadas” sin connotaciones  se necesita que esté enmarcado dentro de un universo ídem. Uno ficcional en el que no existan deslices convertidos en bebés ni madres discriminatorias que creen que su hija  irá el infierno por amar una mujer e, idealmente, uno real en el que tener una pareja del mismo sexo no sea impedimento legal o eclesiástico.

Y no se cumple ninguna de las anteriores en este 7.20 que juega a ser mágico pero es científico; sacrifica la emoción en pos de una teoría sobre el amor formulaica, conservadora y vacía.

De verdad, así de triste. McKee, autora de la  maravillosa declaración pre- matrimonio post-it y dos capitulazos de esta temporada,  junto a Bailey -el alter ego de Rhimes en la trama-  prometen celebrar la magia que hay entre dos personas, y por ende, la generada por dos actrices que hacen su trabajo condenadamente bien, pero no vemos varita, sombrero, hada ni hechizo. Ni menos escenas full química. Sólo un par de buenas postales para guardar en el álbum de bodas del SGH.

Pero repito: la  falta de emoción no es lo peor, sino su incoherencia. Nadie puede retratar una escena de la complejidad de la de la foto de arriba y lavarse las manos. O lo que es lo mismo: hacer que un personaje materno diga tales barbaridades y reciba a cambio un par de lágrimas y poco más. ¿Dónde se quedó la firmeza que Callie demostró en Invasion? Una brecha de tal envergadura entre madre e hija no puede solucionarse con “un papá ándate con mi mamá…” No, no se puede. (más…)

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